UMAP Cuba 1965

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TUS HIJOS NO TE OLVIDAN

José Antonio Zarraluqui – Habana – Escritor y Periodista

Tenía 21 años y fui citado para el SMO el 25 de noviembre de 1965 para el Cinódromo de Marianao, al llegar temprano en la mañana vi algo extraño, allí habían hombres de mas de 50 años de edad, y un grupo de homosexuales exhibicionistas, no eran maricas discretos sino desaforados. Al poco rato llegan los carros militares, bajan guardias fuertemente armados y comienzan a gritar: ¡A formación! ¡A formación!, Y nos formaron en pelotones. Nos montaron en aquellos camiones y nos llevan para la Terminal de Trenes. A empujones nos obligaron a montar en aquellos vagones y comenzó un largo viaje en aquel tren lechero que duro más de 24 horas.

Al grupo nuestro nos llevaron a Nuevitas, y de allí a un campamento que se llamaba Mola. Después me entere que era parte de una enorme finca propiedad de los Loret de Mola, de allí el nombre. Lo más que me choco al llegar a Mola fue el olor raro que estaba percibiendo. Después lo supe por una experiencia terrible: el olor era del guao.

Vine a saberlo cunado al cabo de un mes nos dieron un machete y un garabato que es un pedazo de rama, en forma de horqueta que sirve para agarrar una rama y cortarla.

Cuando nos pusieron a chapear potreros y cortaba una mata me daba el mismo repugnante y penetrante olor que yo había sentido al llegar a la barraca. Al poco rato me empieza un fuerte escozor, comienzo a hincharme y a llenarme de llagas que no demoraron en supurarse. Me agrave y un militar que decían que era medico me ve y me manda ingresar.

Me llevan a Laguna Grande donde estaba la jefatura del batallón. No era ni siquiera un hospitalito; eran cuatro pequeñas camas separadas de la barraca. En aquel lugar conocí un muchacho que estaba allí por religioso y era estudiante de medicina. Hoy es el Dr. Rubén Deufeu, una magnifica persona que se desempeñaba como sanitario de Laguna Grande.

El jefe e la unidad 2506 era un capitán de apellido Espinosa, un guajiro bruto, el segundo al mando que tenia titulo de jefe de plana era de apellido Maderal, tipo que se las daba de fortote; no parecía un cubano, sino, germano; piel muy clara, pelado tipo cepillo y tenia fama de ser un h de p. Estuve allí pocos días, hasta que repuesto, curado el escozor y las llagas me enviaron a Mola.

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Manuel Montero, Dimas, Pinar del Río

A mi prácticamente me secuestraron, yo iba caminando por las calles de mi pueblo, Dimas en Pinar del Río, era el 28 de noviembre de 1965, y paro un carro de la policía, se bajaron cuatro soldados, me encañonaron con armas largas y me metieron dentro del carro. Me llevaron a la estación de la policía en Guane. Al llegar me encontré, poco después, a mi primo Manuel Peláez y a Otto Finales ambos muy activos en la parroquia de Dimas, cuya patrona era la Virgen de la Nieves, y al chino un amigo nuestro. De allí nos llevan a Pinar del Río, al estadio de sofbal de Borrego, y pasada la medianoche a la Terminal del ferrocarril donde a empujones nos meten en vagones. Un negro de apellidos Palacios, oficial, que estaba tan borracho que tenían que sostenerlo, nos metió un discurso y nos acuso de contrarrevolucionarios. Aun no sabíamos a donde íbamos y a que se debía todo aquello.

En ese tren estuvimos días, iba hacia delante, luego hacia atrás. Recuerdo que pasamos de día por un pueblo, preguntamos ¿Dónde estamos?, alguien respondió: Matanzas. Empezamos a gritar: Hambre, hambre, y en seguida nos tiraron cosas, pedazos de pan, frutas, hasta que partió de nuevo el tren que nos llevo al central Primero de Enero antiguo Violeta. Nos llevan a Cunagua, hoy Bolivia, y de allí seguimos campo adentro, hasta un lugar a unos cinco kilómetros de distancia llamado Manga Larga. Por más de seis meses mi familia ni siquiera sabia donde me encontraba.

Aquello era un infierno castigos y golpizas, de todo. Había un muchacho de apellido Izueta que lo amarraron de frente a un poste, desnudo y comenzaron a flagelarlo por la espalda con unos cables de electricidad torcido. La sangre se le hizo como un caparazón. Lo estaban castigando por que se negaba a ponerse el uniforme. Era Testigo de Jehová.

Conocí al teniente Mora Rizo, un tipo acomplejado, de muy baja estatura. Era un resentido que trataba a la gente con odio. El fue el del problema con Alberto de la Rosa, Elegua, que lo fusilaron por su culpa.