UMAP Cuba 1965

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TUS HIJOS NO TE OLVIDAN

Paul Kidd – periodista canadiense

Paul Kidd, quien aprovechó su credencial de periodista canadiense para viajar por toda Cuba y entrar a uno de los 200 campamentos de las UMAP ubicado cerca del batey “El Dos” de Céspedes, en Camagüey.

En un escrito, Kidd definiría esa experiencia como única para un periodista occidental, “la de poder seguir la pista de un campo de trabajo forzado escondido en un exuberante campo de azúcar en el centro de Cuba”.

Después de 12 días en el país, el corresponsal de Southam News Services era expulsado, supuestamente por haber fotografiado armamento antiaéreo en el malecón habanero y por fingir ser un diplomático canadiense, según el régimen cubano, que se cuidó en extremo de mencionar la visita clandestina de Kidd a un campamento de las UMAP.

Enlaces para leer articulos periodisticos de Paul Kidd en ingles sobre la UMAP (PDF)  http://bit.ly/12mHXsu  y  http://bit.ly/12mpMmB

“Sin rostro ni obituario: los muertos de las UMAP” por Manuel Zayas  publicado en Diario de Cuba
 
 

M. O.

El que fue mi esposo Rolando Ortega estuvo en el UMAP y las historias que me hizo eran desgarradoras y tristes, solamente comparadas con la de los campos de concentración de los Judíos.  Poca divulgación han tenido, los muertos no hablan, y los que sobrevivieron, quieren olvidar esa pesadilla.  Y lo mas triste es las razones por las que llevaban a los jóvenes allí. No les gustaba el gobierno, o querían irse clandestino (como Rolando Ortega) o tenían preferencias sexuales diferentes o simplemente eran muy religiosos, o hasta llevar el pelo largo y negarse a cortarlo…..  Algún día se hará justicia a la injusticia cubana.

Anónimo

Yo soy testigo de esos campos de UMAP, mi familia vive en Jatibonico ,no en la ciudad si no en el campo en un lugar que se llamaba Bernal 3”digo se llamaba , porque no se si le han cambiado el nombre” allí estaban los campos de concentración del UMAP, allí conocí a un joven de la Habana, que no era homosexual , era según ellos un lumpen, tendría unos 18 años, hijo único , después de meses de estar ahí le dejaron ver a sus padres, este joven se llama Luís Enrique Pentón, hicimos amistad , porque el sargento estaba enamorado de mi prima , y venia con el de visita ,allí conocí algunos jóvenes que eran testigos de Jehová, y siempre vestían solamente calzoncillos, aunque hubiera frio, porque al no querer vestir uniformes los castigaban , dejándolos desnudos, también recuerdo que los ataban a los postes y los dejaban noche y dia , y no le daban de comer, los testigos de Jehová no trabajaban , pero a los otros los hacían trabajar en el campo de sol a sol, yo los veía ir y venir todos los día, porque pasaban frente a nuestra casa, recuerdo que al sargento le llamaban Kiko, nunca supe su verdadero nombre.

 

Manuel Zayas – Nueva York

LamadridAl terminar el año 1965, Ramón Lamadrid parecía un muchacho alegre. El día de Navidad se reunió con sus amigos en el restaurante habanero “1830”, en cuyos jardines se tomó las que serían sus últimas fotos. Un mes después, aquel joven de 18 años era un rebelde en fuga, escapado de un campo de concentración. Y como tal, recibía unos disparos en el vientre.

“Él fue el primer monaguillo de San Juan de Letrán. Yo entré allí en el 59 o 60 y él fue el que me enseñó a ayudar en misa”, me escribió su amigo Alex Hernández desde Miami. El muchacho “se ganaba la vida como mensajero de la farmacia Rojas, cuya dueña era Célida Rojas y estaba justo al lado de la bodega La Mascota, en las calles G y 17. Su bicicleta era parecida a la que sale en la película Pee Wee”.

“A Ramoncito le dispararon al salir de la casa de su madre en Marianao, el 24 de enero de 1966. Le tiraron y le agarraron el bajo vientre los jenízaros de la policía militar castrista porque se había fugado del campo de concentración de la UMAP en Camagüey unos días antes”. Malherido “lo llevaron al Hospital Naval, donde dos semanas después falleció. Las únicas que lo iban a ver allí fueron Dulce, Regina y Rosalía Álvarez”, quienes frecuentaban la iglesia de San Juan y eran vecinas de la farmacia donde el muchacho trabajaba.

Ramón Lamadrid fue uno de los 30.000 jóvenes cubanos considerados desafectos por el régimen que fueron enviados entre 1965 y 1968 a los campamentos de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP).

“Nunca conocí a la familia de Ramoncito ni fui a su casa ni supe donde vivía exactamente, pero estudiamos en la misma primaria de G entre 15 y 17, en lo que había sido la Escuela Baldor. Yo vivía por allí, en 17 entre F y G, con mis abuelos y padres hasta que en 1973 nos mudamos a México”, relata Hernández, quien no puede olvidar la historia del compañero muerto. “Lo enterraron en el panteón de Dulce María González-Lanuza, que en aquel tiempo era directora del catecismo en San Juan de Letrán.”

Según fuentes oficiosas, el saldo del horror de las UMAP dejó como resultado 72 muertes por torturas y ejecuciones, 180 suicidios y 507 personas enviadas a hospitales siquiátricos. El escritor Norberto Fuentes ha sido portavoz de esas cifras. El régimen cubano ha preferido, en cambio, mantener esos números en el mayor secreto.

Archivo Cuba, un proyecto de registro de víctimas de la represión del régimen cubano, tiene documentada la historia de Ramón Lamadrid entre nueve casos de ejecuciones extrajudiciales o deliberadas y de desapariciones relacionadas con las UMAP.

 A sabiendas de que no han sido las únicas muertes que se sucedieron allí, el registro de los nombres de las víctimas, de sus historias o de alguna memoria gráfica, resulta una tarea difícil por la falta de libertad de prensa y la inexistencia de una justicia independiente en la Isla, a lo que se suma el secretismo del régimen cubano, que no ha permitido una investigación ni la apertura de sus archivos.

La historia de Ramón Lamadrid es solo un ejemplo del encubrimiento con que se han asociado las muertes violentas de las UMAP. De entre los escasos nueve casos documentados, el suyo es el único que se acompaña de memoria gráfica: unas fotografías facilitadas por un amigo constituyen la única fe de vida de cómo lucía aquel joven de 18 años en las lejanas navidades de 1965. En su ficha de Archivo Cuba se señala lo que parece ser otra incógnita: la causa de la muerte no aparece reflejada en su certificado de defunción.

FOTO De izq. a der.: Ramón Lamadrid, Alex Hernández, Juan Miguel García, Octavio y, agachado, Carlos Bidot. Jardines del restaurante 1830, La Habana, 25 de diciembre de 1965. -CORTESÍA DE ALEX HERNANDEZ
 
 

Berto Rafael Ramírez Rodríguez

El día 15 de septiembre de 1967, la señora Isabel Rodríguez González madre de Cayetano Berto Rafael Ramírez Rodríguez, -vecina de Consolacion del Sur provincia de Pinar del Río-, escribió una carta al primer ministro de la Republica de Cuba solicitando la investigación de las causas de la muerte de su hijo, confinado en los campos de concentración de la UMAP en Camaguey.

El 20 de octubre de 1967, la oficina del primer ministro envió a la señora Isabel Rodríguez constancia de recepción de la misiva, a la vez que indicaba haber remitido la solicitud al Ministerio del las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Han transcurrido 46 años de la solcitud y aun no se ha investigado nada,  una burla al dolor de una madre y confirmación de cómo se violan los derechos humanos en la isla por parte de la tiranía de los hermanos Castro sin importar las consecuencias.

El primer ministro en funciones al recibo de la carta de la madre de Berto R. Rodríguez, lo era Fidel Castro, y el Ministro de las Fuerzas Armadas el hermano Raúl Castro. A los que pretenden ocultar las realidades que sucedieron en los campos de concentración de la UMAP, el hecho es una prueba mas de lo que allí aconteció.

No olvidamos y exigimos justicia, la UMAP es crimen de lesa humanidad que no prescribe, los responsables tienen que responder ante la justicia por sus acciones.

A continuación prueba documental, también una breve descripción de hechos de abusos perpetrados a Berto Rafael por el sargento Biscet (identificado), un sicario que si vive tambien enfretara la justicia.

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