UMAP Cuba 1965

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TUS HIJOS NO TE OLVIDAN

Héctor García Arocha – Santo Domingo, Las Villas

LA HABANA, Cuba. El pasado 10 de abril Cubanet publicó una crónica titulada “Una docena de familias en peligro”. El trabajo trataba el peligro de derrumbe de un edificio situado en la calle O´Reilly 258, en La Habana Vieja. Esta situación continúa, pero mientras dábamos seguimiento a este caso, tuvimos la oportunidad de conocer a Héctor García Arocha, uno de los habitantes del inmueble, quien resultó ser uno de los tantos cubanos que sufrió el estar concentrado, a mediados de los años sesenta, en uno de para los campamentos de trabajo forzoso en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), ubicados en la provincia de Camagüey. Accedió a brindarnos su testimonio de cómo fue llevado a la fuerza, el 18 de junio de 1966, con apenas 18 años de edad, a uno de estos “campos de concentración”.

Cubanet: ¿Cómo usted llega a la UMAP?
Héctor García Arocha (HGA): La Policía de Santo Domingo, pueblo donde yo nací y vivía, en las Villas, me detuvo bajo el pretexto de enviarme para el Servicio Militar Obligatorio. Me montaron en un tren que iba desde Santa Clara hasta Camagüey. De ahí fui llevado a un pueblecito llamado la Gloria donde nos entregaron las “armas”: una guataca y una lima, para trabajar en el campo. No había tal servicio militar.
Cubanet: ¿Hubo entrenamiento militar, educación patriótica?
HGA: Nada de entrenamiento, ni de educación. Los que se fugaban de noche eran castigados, los amarraban en un palo, muchas veces desnudos, para que se lo comieran los mosquitos. A los testigos de Jehová los arrastraban por no saludar la bandera, ni cantar el himno nacional.
Cubanet: ¿Cumpliste alguna sanción durante esa etapa?
HGA: Yo me fugué de allí, estuve 9 días ausente del campamento y en cuanto me atraparon fui sancionado a 1 año y medio de prisión. Fui trasladado a un batallón de sancionados en Vertiente, Unidad 1943. Todos los sancionados iban para Vertientes. En Camagüey, había 7 u 8 agrupaciones, cada agrupación tenía 5 batallones, con más de 500 hombres, distribuidos en 4 unidades.
Cubanet: ¿En qué se trabajaba allí?
HGA: En la caña y el cítrico, inicialmente, después en la construcción de obras. En Vertiente, me ubicaron en una compañía llamada la Rivera, trabajando en la caña. Allí, fui acusado por denunciar que las botas y las ropas, destinadas a los presos, los capitanes Zapata, Quintín Pino Machado y Guerra Matos, la cambiaban por comida y carne. Ellos no se escondían para hacerlo, las botas amarillas que nos habían mandado de España, las tenían todos los guajiros puestas y nosotros no teníamos nada, andábamos descalzos, en chancletas.
Cubanet: ¿Cuál era la actitud de los guardias con ustedes?
HGA: Nos vigilaban mucho. Allí, murió mucha gente. Nos metieron con presos de alta seguridad. Éramos adolescentes. Por ejemplo, murió Félix La Garra, que fue a tomar agua y se cruzó con los guardias, le dieron dos bayonetazos.
Cubanet: ¿Cuánto tiempo estuviste preso?
HGA: Salí ante los cuatro años, los Estados Unidos habían detectado con sus aviones los campos de concentración de la UMAP, entonces se había creado un problema internacional.
Cubanet: ¿Qué sensaciones han permanecido en ti de aquél tiempo?
HGA: Amargura, humillación. Pasamos hambre. Ellos nos engañaron. Sin embargo, allí conocí a Pablito Milanés, al galán de la televisión Albertico Inzua, a Pedro Betancourt, cuñado de Betancourt, el que se
robó el avión. También vi al actual cardenal Jaime Ortega Alamíno, quien entonces había preso por simplemente estar estudiando para cura, loconocí, sus padres eran de Jagüey. También estuvo un hijo de Raúl Roa.
Cubanet: ¿Que oportunidades te brindo el gobierno cuando saliste, para reinsertarte?
HGA: Ninguna. Yo nunca voté, no participaba en trabajos voluntarios, nunca fui a la plaza, era mal mirado por los extremistas del régimen. A cada rato me metían preso, me sacaban del trabajo y me aplicaban la Ley de Peligrosidad. Estuve en el disturbio del 5 de agosto de 1994, el Maleconazo, al lado del Hotel Deauville, donde aparecieron las brigadas especiales, vestidas de constructores, nos pegaron con cabillas por todo los lados.
Estuve un tiempo trabajando en Comunicaciones, en la cervecería de Manaca, en los ferrocarriles, siempre mal mirado y con problemas. Me quede ciego. No pude retirarme, ahora soy un caso social.

 

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